Cuento: Las plumas del dragón

Las plumas del dragón

Había una vez, en un reino lejano, un dragón muy especial. Este dragón no era como los demás, no era malvado ni aterrador, sino que era amable y gentil. Vivía en lo alto de una montaña, en una cueva donde guardaba sus más preciados tesoros. Pero lo que más le gustaba al dragón eran sus plumas, las más brillantes y coloridas que jamás se habían visto.

Cada mañana, el dragón salía de su cueva para extender sus alas y tomar el sol. Las personas que vivían en las aldeas cercanas lo veían volar y lo saludaban con una sonrisa, sabían que él era su amigo y no les haría daño. Pero un día, algo extraño sucedió. Las plumas del dragón comenzaron a desvanecerse y a perder su brillo, hasta que un día desaparecieron por completo.

El dragón estaba muy triste, pues sabía que sus plumas eran especiales y no podía vivir sin ellas. Decidió que debía encontrar una manera de recuperarlas, pero no sabía cómo. Entonces, decidió preguntar a las personas del pueblo si sabían cómo podría hacerlo. Pero nadie sabía la respuesta.

Una noche, mientras dormía, el dragón tuvo un sueño. En el sueño, vio a un pequeño niño que le hablaba y le decía que la clave para recuperar sus plumas estaba en el corazón. Al despertar, el dragón recordó el sueño y decidió ir en busca del niño que había visto en él.

Recorrió aldeas y pueblos, buscando al niño del sueño. Pero no lo encontró en ninguna parte. El dragón estaba a punto de darse por vencido, cuando escuchó una risa infantil. Al mirar hacia arriba, vio a un niño jugando en la rama de un árbol. El dragón se acercó al árbol y le preguntó al niño si él era quien había visto en su sueño. El niño asintió con la cabeza y le dijo al dragón que lo siguiera.

El niño llevó al dragón a un campo lleno de flores y mariposas. Le dijo al dragón que se tumbara en el suelo y que cerrara los ojos. El dragón hizo lo que el niño le pidió y de repente, sintió una energía cálida que lo envolvía. Cuando abrió los ojos, vio que sus plumas habían vuelto a su brillo original.

El dragón estaba muy agradecido con el niño y le preguntó cómo había logrado que sus plumas regresaran. El niño le explicó que había usado el poder del amor para sanar su corazón y que eso había hecho que sus plumas recuperaran su brillo. El dragón entendió que el amor era la clave para su felicidad y decidió compartir su sabiduría con los demás.

A partir de ese día, el dragón se convirtió en el protector del amor y la felicidad en el reino. Las personas lo adoraban y le agradecían por traer paz y alegría a sus vidas. El dragón sabía que su amistad con el niño había sido el comienzo de una gran aventura, y que siempre estaría agradecido por haber recuperado sus preciadas plumas gracias a él.

Y así, cada vez que el dragón sentía que sus plumas comenzaban a desvanecerse, recordaba la lección del niño y se aseguraba de llenar su corazón de amor y felicidad. Y de esta manera, las plumas del dragón siempre brillaban con la mayor intensidad, llenando de color y alegría todo el reino.

Desde entonces, la gente aprendió que no debían juzgar a las criaturas por su apariencia, y que incluso aquellos que parecen feroces pueden tener un corazón amable. Y siempre que veían al dragón volar por los cielos, sabían que estaban viendo a un amigo leal y un protector de la felicidad y el amor en el reino.

Así termina la historia de las plumas del dragón, una lección de amor y amistad que todos podemos aprender. Porque como dijo el sabio dragón, la clave para la felicidad no está en lo que tenemos, sino en lo que llevamos en nuestro corazón. Y con un corazón lleno de amor y amistad, podemos enfrentar cualquier desafío y brillar como las más preciosas plumas de un dragón.

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