Cuento: Las lágrimas del dragón

Las lágrimas del dragón

Había una vez un majestuoso dragón que vivía en la cima de una montaña, en un reino mágico lleno de criaturas fantásticas. Era un dragón muy solitario, pues nunca había tenido amigos, y por eso pasaba sus días volando por los cielos y observando el mundo desde lejos.

Un día, mientras sobrevolaba un valle, el dragón vio a un grupo de niños jugando en un prado. Se acercó sigilosamente para observarlos sin ser visto, y se sintió conmovido al ver la felicidad que emanaban. Los niños jugaban a saltar la cuerda, a perseguirse, a contar chistes, y en ese momento el dragón deseó con todas sus fuerzas tener amigos con quienes compartir momentos así.

Pero el dragón sabía que era imposible hacer amigos, pues su naturaleza era feroz y muchos temían su presencia. Una lágrima cayó por su mejilla al pensar en su soledad, y esa lágrima fue el principio de un cambio que transformaría su vida para siempre.

Esa lágrima cayó al suelo y se convirtió en una pequeña mariposa de colores, que revoloteó alrededor del dragón. Él se sorprendió al verla y se acercó con cuidado, y la mariposa le habló con una voz suave y dulce.

«¿Por qué lloras, amado dragón?», le preguntó la mariposa.

«Estoy triste porque soy solitario y nunca he tenido amigos», respondió el dragón.

«Pero si tienes un corazón bondadoso y lleno de amor, seguro que puedes encontrar amigos», le dijo la mariposa.

El dragón no lo creía posible, pero decidió seguir el consejo de la mariposa y empezó a buscar amigos. Primero intentó acercarse a los animales del bosque, pero al ver su aspecto temible, todos huían de él. Luego intentó hablar con las aves, pero ellas tampoco querían acercarse.

Desanimado, el dragón se retiró a su cueva en la montaña y allí encontró un huevo abandonado. Decidió cuidarlo hasta que naciera el animal que había dentro, y así pasaron los días y las noches. Finalmente, del huevo salió un pequeño cachorro de perro, al que el dragón llamó «Fuego».

Fuego se convirtió en el mejor amigo del dragón. Juntos jugaban y se divertían, y el dragón aprendió a ser más amigable y a controlar su ferocidad para no asustar a los demás.

Un día, mientras paseaban por el valle, se encontraron con el grupo de niños que habían visto anteriormente. Fuego corrió hacia ellos y los niños, sorprendidos al ver al dragón tan amistoso, se acercaron para acariciarlo y jugar con él.

El dragón se emocionó tanto que comenzó a llorar de felicidad, y esas lágrimas se convirtieron en pequeñas mariposas que revoloteaban alrededor de los niños. Todos se sorprendieron al ver las mariposas mágicas y supieron que algo especial había pasado.

Desde ese día, el dragón y Fuego se convirtieron en amigos inseparables de los niños, y juntos vivieron muchas aventuras emocionantes en el reino mágico.

Un día, mientras exploraban un bosque oscuro, se encontraron con un malvado mago que quería destruir el reino mágico. El mago estaba armado con una varita mágica poderosa y una bola de cristal que podía mostrarle todo lo que pasaba en el reino. Además, había conjurado un ejército de monstruos y criaturas peligrosas para que le ayudaran a cumplir su plan.

El dragón y sus amigos sabían que tenían que hacer algo para detener al mago y salvar su hogar. Así que idearon un plan ingenioso: el dragón distraería al mago y a sus criaturas mientras que los niños se infiltrarían en su guarida para robar la bola de cristal y desactivar la varita mágica.

El plan funcionó a la perfección, y los niños lograron robar la bola de cristal mientras que el dragón y Fuego luchaban contra los monstruos. Una vez que tuvieron la bola de cristal, los niños la destruyeron con un conjuro que habían aprendido de un sabio anciano del reino mágico.

Sin la bola de cristal, el mago perdió su capacidad de ver lo que pasaba en el reino y la varita mágica se desactivó. El ejército de criaturas malvadas se desvaneció y el mago huyó del reino mágico, nunca más volviendo.

Los niños y el dragón se abrazaron emocionados, felices de haber salvado su hogar y de haberse convertido en amigos inseparables. Las lágrimas del dragón habían sido el inicio de una gran aventura, una aventura que había demostrado que la amistad y el amor pueden vencer cualquier obstáculo, incluso la soledad y el miedo.

Desde entonces, el dragón ya no era solitario, pues tenía a sus amigos y a Fuego para acompañarlo en sus vuelos por el reino mágico. Y las mariposas mágicas que surgían de sus lágrimas se convirtieron en un símbolo de esperanza y amistad para todos los habitantes del reino.

Y así, el dragón y sus amigos vivieron felices para siempre, protegiendo su hogar de cualquier amenaza y disfrutando juntos de cada día. Y los niños aprendieron que nunca se debe subestimar el poder de la amistad, pues puede cambiar la vida de cualquier persona, incluso la de un dragón solitario.

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